Encontrar la autoaceptación tanto dentro como fuera del tapete.
En sánscrito, yoga significa "unir". Unir la mente y el cuerpo, el movimiento y la respiración, la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo. Esta idea más amplia de “yugo” es lo que Jessamyn Stanley llama el yoga de lo cotidiano: un yoga que no se trata sólo de perfeccionar el perro boca abajo, sino de aplicar las duras lecciones aprendidas en la colchoneta al proyecto diario aún más difícil de vivir.
En una serie de ensayos autobiográficos divertidos y profundamente honestos, Jessamyn explora todo, desde el síndrome del impostor hasta el cannabis y por qué amarse a uno mismo es un trabajo de tiempo completo, todo a través de la lente del yugo. Ella menciona un complejo de yoga estadounidense que prefiere debatir los méritos de los leggings de algodón versus los de mezcla de poliéster en lugar de reconocer su abrumadora blancura. Ella se pregunta por qué la visión occidental del yoga a menudo pasa por alto (o hace mal uso) la dimensión espiritual de la tradición. Y revela lo que ella llama su propia “problemática total”: crecer como baháí, amar la astrología, aprender a meditar, encontrar prana en la música.
Y al final, Jessamyn invita a cada lector a encontrar el auténtico espíritu del yugo: vincular lo bueno y lo malo, la luz y la oscuridad.
Encontrar la autoaceptación tanto dentro como fuera del tapete.
En sánscrito, yoga significa "unir". Unir la mente y el cuerpo, el movimiento y la respiración, la luz y la oscuridad, lo bueno y lo malo. Esta idea más amplia de “yugo” es lo que Jessamyn Stanley llama el yoga de lo cotidiano: un yoga que no se trata sólo de perfeccionar el perro boca abajo, sino de aplicar las duras lecciones aprendidas en la colchoneta al proyecto diario aún más difícil de vivir.
En una serie de ensayos autobiográficos divertidos y profundamente honestos, Jessamyn explora todo, desde el síndrome del impostor hasta el cannabis y por qué amarse a uno mismo es un trabajo de tiempo completo, todo a través de la lente del yugo. Ella menciona un complejo de yoga estadounidense que prefiere debatir los méritos de los leggings de algodón versus los de mezcla de poliéster en lugar de reconocer su abrumadora blancura. Ella se pregunta por qué la visión occidental del yoga a menudo pasa por alto (o hace mal uso) la dimensión espiritual de la tradición. Y revela lo que ella llama su propia “problemática total”: crecer como baháí, amar la astrología, aprender a meditar, encontrar prana en la música.
Y al final, Jessamyn invita a cada lector a encontrar el auténtico espíritu del yugo: vincular lo bueno y lo malo, la luz y la oscuridad.
