En 2009, Raquel Cepeda se embarcó en una exploración de su genealogía utilizando pruebas de ADN ancestral para descubrir la verdad sobre su familia y el entramado de razas y etnias que se unían en una mezcla ambigua en sus rasgos, dando como resultado “una hermosa historia de reconciliación y redención” (Huffington Post) con su identidad y lo que significa ser latina. Indagando en recuerdos enterrados durante mucho tiempo, Cepeda viajó no sólo a su ascendencia sino también a su propia historia. Nacida en Harlem de padres dominicanos, fue enviada a vivir con sus abuelos maternos en el distrito Paraíso en Santo Domingo cuando aún era un bebé. Resultó ser un respiro idílico en su infancia, por lo demás tensa. Paraíso pasó a significar familia, hogar, pertenencia. Cuando Cepeda regresó a Estados Unidos, descubrió que su constelación familiar había cambiado. Su madre tenía un nuevo novio abusivo, que trasladó a la familia a San Francisco. Cuando esa relación se rompió, Cepeda se encontró de regreso en la ciudad de Nueva York con su padre y su madrastra europea: asistiendo a lecciones de tenis y escuelas católicas; librando feroces batallas con su padre, quien la disuadió de expresar la parte dominicana de su identidad con guiones; e inmerso en la cultura hip-hop de los años 80 en la zona alta de Manhattan. Fue en estas calles, a través del prisma del hip-hop y del abrazo a veces amoroso de su comunidad, que Cepeda construyó su propia identidad. Años más tarde, cuando Cepeda se convirtió en una periodista y realizadora de documentales de éxito, los hilos de su ADN la llevarían más lejos, por todo el mundo y hacia la historia. ¿Quiénes fueron sus antepasados? ¿Cómo se convirtieron ellos (y ella) en latinas? Su viaje, como suele suceder con los más inolvidables, la llevaría a lugares a los que no esperaba ir. Con una prosa lírica vibrante y una honestidad feroz, Cepeda analiza conceptos de raza, identidad y ADN ancestral entre los latinos utilizando su propia historia dominicano-estadounidense como ejemplo, y en el proceso llega a una especie de paz con su padre.
En 2009, Raquel Cepeda se embarcó en una exploración de su genealogía utilizando pruebas de ADN ancestral para descubrir la verdad sobre su familia y el entramado de razas y etnias que se unían en una mezcla ambigua en sus rasgos, dando como resultado “una hermosa historia de reconciliación y redención” (Huffington Post) con su identidad y lo que significa ser latina. Indagando en recuerdos enterrados durante mucho tiempo, Cepeda viajó no sólo a su ascendencia sino también a su propia historia. Nacida en Harlem de padres dominicanos, fue enviada a vivir con sus abuelos maternos en el distrito Paraíso en Santo Domingo cuando aún era un bebé. Resultó ser un respiro idílico en su infancia, por lo demás tensa. Paraíso pasó a significar familia, hogar, pertenencia. Cuando Cepeda regresó a Estados Unidos, descubrió que su constelación familiar había cambiado. Su madre tenía un nuevo novio abusivo, que trasladó a la familia a San Francisco. Cuando esa relación se rompió, Cepeda se encontró de regreso en la ciudad de Nueva York con su padre y su madrastra europea: asistiendo a lecciones de tenis y escuelas católicas; librando feroces batallas con su padre, quien la disuadió de expresar la parte dominicana de su identidad con guiones; e inmerso en la cultura hip-hop de los años 80 en la zona alta de Manhattan. Fue en estas calles, a través del prisma del hip-hop y del abrazo a veces amoroso de su comunidad, que Cepeda construyó su propia identidad. Años más tarde, cuando Cepeda se convirtió en una periodista y realizadora de documentales de éxito, los hilos de su ADN la llevarían más lejos, por todo el mundo y hacia la historia. ¿Quiénes fueron sus antepasados? ¿Cómo se convirtieron ellos (y ella) en latinas? Su viaje, como suele suceder con los más inolvidables, la llevaría a lugares a los que no esperaba ir. Con una prosa lírica vibrante y una honestidad feroz, Cepeda analiza conceptos de raza, identidad y ADN ancestral entre los latinos utilizando su propia historia dominicano-estadounidense como ejemplo, y en el proceso llega a una especie de paz con su padre.
